(Para mi amigo Guillermo Centeno)
Te viste de morado
anticipando la crucifixión del Señor.
Cubres la calle con tu color esta
Semana Santa.
¡Amapate tan distante mío!
Y tan cerca del cielo.
A do quier que voy florido te veo.
Con moradas flores y otras teñidas de rojo
perfumando el verano y la sequedad del día.
Eres un árbol fuerte y con un corazón de niño.
Eres una ala de ángel trayendo el descanso
a los fatigados ojos que transitamos el
mundo con fe.
Tú conoces de mis pasos que día a día
recorren la tierra que habitamos.
En las tardes, en las tardes, el vino del reposo
se disuelve en la luz de tus hojas, y yo,
enamorado tuyo soy color, perfume y flor
en tus ramas. Y nos mecemos y nos paseamos
con el viento, emborrachado de luz, y suspendidos
en los atardeceres con un sol anaranjado que
muere grande y brillante detrás de las montañas.
¡Ah mi amapate! Tengo sed de ti.
Tu vestido de dolor cubre el alma mía.
Tus flores, tus flores...regadas a mis pies
con lágrimas y perfume.
Dame el agua de tus raíces
para poder florecer contigo.
Dame el vestido de tus flores
para dárselas en ofrenda al Señor.
Ofrenda pura y digna de un corazón
que escribe con morada roja tinta de tu flor.
Rafael Deliso
10/04/2014

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