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martes, 11 de noviembre de 2014

Espectro con vestido azul celeste.



Breve relato.

Tenía seis años cuando llegué a esa casa
que apenas se levantaba con madera y tablas,
en una esquina que debió ser un molino de arroz
en otros tiempos.
Un antiguo chevrolet apache 1957 nos trajo hasta
allí desde la otra casa de vieja armadura y construida
sobre barro y tejas en sus techos.
Recuerdo que el río Cabriales se apostaba con sus 
altos caimitos, nisperos y guayaba, detrás, en el solar,
perfumando con sus hojas y piedras y sus cristalinas
aguas que bajaban de las altas montañas del norte.
Pero esta casa donde íbamos a vivir era diferente.
La llamo diferente porque no había una casa como
tal.
Luego, tiempo a tiempo, ya estábamos allí.
Mi padre se las ideó para construir ahi su vivienda,
y dado su profesión de "muratore", no le costó sino
paciencia hacerla.
Y así poco a poco fue construyéndola.
Cuando era joven, después de la Primera Guerra 
Mundial, él había aprendido esa profesión, viviendo
en la Argentina de Carlos Gardel, cuando emigró
desde Italia .
Y digo la Argentina de Carlos Gardel, porque él
me contaba que lo había visto varias veces cantando
en las plazas de Buenos Aires con su guitarra.
Para ese tiempo, unos amables españoles, le enseñaron
el arte de hacer casas, fue por allá en el año de 1920.
Luego regresaría a Italia por circunstancias que 
nunca supe y no sería sino hasta 1948 , cuando después
de la Segunda Guerra Mundial, vino a Venezuela.

Ya instalado en la nueva casa los meses fueron 
pasando.Largos meses trabajando lentamente, e ir
poco a poco construyendo esa casa.

A los seis años, ¡sí! a esa edad, un episodio  marcó
mi vida.
¡Cómo olvidar aquella escena tan terrorífica!
¡Y tan escalofriante!

No, por favor, no me venga usted a decir que esto
lo saqué de algún texto de Edgar Allan Poe, o de
algunas adaptaciones de Stephen King llevadas
al cine, o de las obras de ciencia ficción de 
Howard Phillips Lovecraft.

Debo confesarle que usted está equivocado.

 A mi seis años apenas aprendía con dificultad
la lengua de Cervantes a escribirla.
Y susurraba no un fluido idioma como para estar
inventando estas cosas que voy a referir.
Y dicho sea de paso, yo era un alma pura y 
transparente en esa época donde la dictadura
ya había terminado y la democracia daba sus
primeros pasos gateando en la arena política.

Aquel día mi madre tenía que viajar a la ciudad
de Barquisimeto, distante a dos horas y media ,
donde mi tía Rosa, y mis dos primas, Orquídea
y Azucena, vivían con ella.
Nunca supe la razón del viaje y de aquella salida
tan intempestiva. 
Mi madre nos dejó  en casa de la señora Nora,
cuatro casa más allá de la nuestra para que
durmiéramos mi hermana y yo esa noche.
Aquel lunes, era el día de las ánimas y se acostumbraba
colocar velas a los difuntos para apaciguar a esos
muertos recientes que vagaban aún por la tierra
buscando un lugar de reposo.
Aquella noche mi hermana María y yo dormiríamos
en una cama cerca  de la cocina, donde las velas
prendidas alumbraban a estas ánimas en pena.
Yo nada sabía, era un niño.
Apenas un niño de seis años.
Nos acostamos.
Esa noche se hizo tarde, casi la medianoche.
Yo del lado de la cama que daba hacia el piso y mi
hermana casi cerca a la pared.

Sin poder dormir miraba la luz de un bombillo
encendido a lo lejos del cuarto cocina.

De pronto volteo hacia la pared, ¡y oh, horror!
¡Oh, Dios mío! ¿qué es esto?

A un metro de la pared flotaba esa mujer sobre
el piso.
Vestía un vestido de lino azul celeste y largo.
Sus cabellos negros y su rostro cubierto de carne.
Me impresionó, no lo niego pero ¡ay! de aquello
después.

Quito mi mirada de esa mujer que flotaba en
la pared y llamo a mi hermana:
-¡María, María, mira eso!

Cuando ella y yo volteamos de nuevo para verla,
su rostro se había vuelto una calavera. 
Y su espectro era horrible.
 Ella y yo gritamos. ¡Ayyyyyyy!

Nora se despertó en ese momento y encendió
las luces de toda la casa.
Nada había.
Eso se había evaporado o desvanecido.
O trasmutado, o qué se yo.

No sé si dormí o no  aquella noche.
Mis sueños en las noches nunca más fueron
iguales y tranquilos.
Tenía quizás, doce años y de noche me despertaba
y me iba a la cama de mi madre.

Esa mujer, ese espectro, ha querido siempre
asustarme en las noches.

Todavía no sé  si se murió o si vive en mí.


Esto me pasó a los seis años, por allá en 1960
y algo más, y les puedo asegurar que fue real.

¡Sí, muy real!



Rafael Deliso
11/11/2014

Breves relatos del sol en invierno.
Licencia Creative Commons
Espectro con vestido azul celeste. por Rafael Deliso se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://ubunturamade.blogspot.com/.